top of page
Buscar

Mayo 2009 — Paramitas-La bondad

Actualizado: 25 abr


La segunda Paramita.

Las seis Paramitas son una enseñanza del Budismo Mahayana. Paramita puede ser traducido como “perfección” o “realización perfecta”. Esta perfección no es una realización normal u ordinaria, sino la trascendencia de la realización. A menudo vemos que paramita es traducido como “cruzar hacia la otra orilla”, refiriéndose a la orilla del no-miedo y la libertad. Para cruzar desde donde estamos debemos hacer algo, y eso es paramita.


La segunda paramita: la bondad

La segunda paramita —o perfección— es la práctica de la bondad. Nos preguntamos: ¿qué es la bondad? ¿Qué hace que un ser sea bondadoso? Y, ¿cómo puedo practicar la bondad?

La bondad es el cuidado a todos los seres conscientes. En la tradición yóguica hindú, el maestro Patanjali nos habla, en el Yoga Sutra, de la bondad como la raíz del yoga. Si el yoga fuera un árbol en donde la iluminación es el fruto, las raíces son los yamas: las restricciones del yogui con respecto a los demás.

Los yamas son cinco. Veamos de qué manera nos dice Patanjali que podemos cuidar a los demás mientras estamos despiertos, y —en la práctica más avanzada— durante los sueños también.


1. Ahimsa — No dañar

La palabra proviene de himsa (causar daño) y el prefijo a, que niega. Ahimsa significa no causar daño; o, para decirlo de manera positiva, favorecer la vida. Toda la vida, no solo la humana.

¿Cómo? Simplemente dando de comer al que tiene hambre, haciendo un masaje al que está cansado, acompañando al que está solo, evitando pisar un camino de hormigas, ayudando a una persona a bajar del auto, etc. Las posibilidades son infinitas.


2. Satya — Honestidad

La palabra proviene de la raíz sat: ser. Decir la verdad es nunca causar en la mente de otro una impresión que sea diferente de la que vos tenés de algo. Ser verdaderamente honesto con los demás —y con nosotros mismos— es difícil; requiere estar presente y aceptar lo que somos en el momento, sin engañar.

En la tradición tibetana, satya viene acompañada de otras dos formas de control del habla: no hablar para dividir, y no hablar sobre cosas sin sentido.


3. Asteya — No robar

Viene de la raíz stai (tomar o robar) y del prefijo a, que niega. No tomar algo que no te pertenece, sin permiso.

Algunos ejemplos más sutiles de robar:

•          En el trabajo, trabajar menos horas de las que fueron pactadas; usar los recursos de la oficina para uso personal —teléfono, fotocopias, etc.—

•          No pagar los impuestos.

•          Derrochar los recursos del planeta: también es robar a las futuras generaciones.

•          Robar el tiempo.

•          Robar la propiedad intelectual de otro.


4. Brahmacharya — Pureza sexual

La palabra proviene de la raíz bhir (hacerse grande o fuerte) y la raíz char (mover): una forma de moverse en la vida.

En la tradición yóguica y budista, es la abstinencia sexual. Para las personas que no tienen un compromiso de celibato, brahmacharya es el cuidado en el sentido de respetar estrictamente las parejas de los demás.


5. Aparigraha — No codicia

De la raíz grath: agarrar. La codicia o posesividad es cuando nos ponemos tristes porque alguien tiene algo bueno que deseamos para nosotros.

En el Tíbet, aparigraha viene acompañada de otras dos formas de control de la mente: la mala voluntad —ponerse contento cuando a alguien le va mal— y la visión incorrecta del mundo. Por ejemplo, no creer que de una acción positiva siempre vayamos a obtener un resultado positivo, y de una acción negativa, un resultado negativo; y no hacer nada por cambiar esa visión incorrecta.


Cuidar al otro como a uno mismo

La práctica de la bondad es cuidar a los demás como a vos mismo, como a tu ser más querido. Dar a los demás lo que deseás para vos.


En el capítulo sobre la meditación del Bodhisattvacharyavatara, el maestro Shantideva nos dice:

“Toda la felicidad que existe en el mundo viene del deseo de hacer felices a los demás. Todo el sufrimiento que existe en el mundo viene de desear la felicidad solo para nosotros.”

— Shantideva


Y más adelante:

“Ahora deberás comprender, mente mía, que soy una persona que pertenece a los demás. De ahora en adelante, no tienes permiso de tener un solo pensamiento sobre cualquier cosa que no sea para servir el propósito de todos los seres sintientes.”


Al final del camino nos daremos cuenta de que “yo” y “otro” son solo una idea, una fantasía, una ilusión. Nunca existieron. Nuestra máxima protección es proteger a los demás, como un solo cuerpo, un solo ser.


Carola Terreni

 
 

​© Kaladanda todos los derechos reservados

bottom of page