Abril 2009 — Paramitas-La generosidad
- kaladanda
- 2 abr 2009
- 2 min de lectura
Actualizado: 25 abr

La primera de las seis Paramitas.
Las seis Paramitas son una enseñanza del Budismo Mahayana. Paramita puede ser traducido como “perfección” o “realización perfecta”. Esta perfección no es una realización normal u ordinaria, sino la trascendencia de la realización. A menudo vemos que paramita es traducido como “cruzar hacia la otra orilla”, refiriéndose a la orilla del no-miedo y la libertad. Para cruzar desde donde estamos debemos hacer algo, y eso es paramita.
La primera paramita: la generosidad
La primera paramita es la generosidad. Los sabios maestros nos recuerdan que el cultivo de la generosidad es el comienzo del despertar espiritual. La generosidad surge de la habilidad interna de soltar.
La generosidad perfeccionada tiene el aditivo de la sabiduría: el entendimiento profundo de que todo lo que no se da, se pierde. Cuando podemos soltar y dar con esta profunda sabiduría, nos abrimos a la libertad.
Jesús nos enseñó a darlo todo, sin miedo:
“Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, dale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.”
Generosidad en tiempos de crisis
En estos tiempos de crisis económica —en nuestro país tenemos la ventaja de tener amplio entrenamiento en el tema— las personas espirituales debemos practicar la generosidad imbuida de sabiduría. Cuanta más carencia experimentamos, más tenemos que dar. Y dar también es dar mentalmente: el estado mental de generosidad lo debemos mantener siempre. Esa es nuestra práctica.
Como dice Aristóteles:
“La práctica es la mejor de todas las instrucciones.”
Dar más allá de lo material
En el dar no debemos acotarnos a dar dinero, comida, ropa y protección. Podemos ir más allá y dar algo sumamente precioso: nuestra presencia.
Con tantas distracciones en nuestras vidas, solemos olvidar estar verdaderamente presentes con los seres que nos rodean. Pero en los meses anteriores estuvimos practicando el estar presentes, viviendo lo precioso de este momento de poder —el cual es nuestra cosecha y también nuestra siembra—. Ahora podemos dar esa presencia.
Cada encuentro es nuestra oportunidad de dar. El “otro” nos da la oportunidad de dar. Así podemos regalar la paz de nuestra presencia, (¿acaso no es maravilloso estar cerca de una persona que irradia paz?). Podemos también regalar espacio, ya que los seres precisan espacio interno y externo para crecer. Podemos regalar comprensión, haciendo escucha profunda y compasiva al sufrimiento que hay en el mundo.
Lo que damos es lo que más tarde recibimos. La práctica de la generosidad es la práctica del amor. Este es el momento que estábamos esperando…
Carola Terreni



