Diciembre 2009 — El despertar de la alegría (Parte IV)
- kaladanda
- 2 dic 2009
- 4 min de lectura
Actualizado: 25 abr

Ser felices aquí y ahora — de oruga a mariposa.
Vimos que el pasado y el futuro solo existen como una idea que tenemos en el presente: no existen de su propio lado, no están en algún lugar guardados. Siempre es hoy, siempre es ahora.
El presente es el único tiempo que podemos decir que existe —aunque cuando tratamos de agarrarlo, también se nos escapa—. Pero es lo más cercano que tenemos. Veamos cuál es la clave para ser felices aquí y ahora.
Hay niveles que tenemos que atravesar para llegar a la felicidad suprema.
1. Santosha — Contentamiento
Este es el primer nivel de una vida feliz. El objetivo de todas las tradiciones espirituales es ser absolutamente felices. ¿Cómo vamos a llegar al paraíso si no estamos contentos primero?
Analicemos con qué no estamos contentos: con las cosas, las experiencias, las relaciones, los trabajos. En suma, con nuestra vida.
El mantra del contentamiento es:
OM, TENGO SUFICIENTE, AH HUNG.
Tengo suficientes zapatos, CDs, canales de TV, amigos, promociones en el trabajo, etc.
Solo cuando entiendas que tenés suficiente, vas a estar contento. Antes, no.
Alcanzar santosha no es fácil, ya que la mayoría de los programas de TV, revistas, internet y vidrieras te dicen que no tenés suficiente, que siempre te falta algo.
2. Estar contento en el lugar donde estás ahora
Este es otro nivel para una vida feliz: dejás de querer estar en otro lado y en otro tiempo. Aquí y ahora.
“La vida es sufrimiento” (para los que no están iluminados), dijo Buda. Esto quiere decir: siempre está muy caluroso, muy frío, húmedo, seco, incómodo; hambre, picazón, dolor, ansiedad, miedo, duda, etc. Cuando algo no está muy mal, está un poco mal. Si tenés duda sobre esto, en cualquier momento del día escaneá tu cuerpo y tu mente.
Así que vemos que estar felices aquí y ahora no es tan fácil. Perdonar y sentir gratitud fue difícil. Prestar atención a las acciones de cuerpo, habla y pensamiento también, sobre todo con aquellas personas que nos irritan.
Por eso, los que salieron del sufrimiento nos dejaron escrito el camino, nos dejaron técnicas, un método.
Un método para ser felices en el presente
Necesitamos un método no solo para estar presentes, sino para ser felices en el presente. No solo ver, sino poder hacer algo al respecto. De lo contrario, si el presente es desagradable —si no sos feliz aquí y ahora— te vas a escapar al futuro o al pasado.
Observá esto: en los momentos en que sos feliz en el presente, vos no estás ahí.
Cuando te hacés a un lado, cuando dejás de escuchar esa voz en la cabeza que se queja, que molesta, y te perdés en una actividad o en otra persona.
Por eso es que tenemos hobbies y deportes. Por eso nos perdemos en el trabajo, y trabajamos la delirante cantidad de horas diarias que trabajamos. No es la importancia del trabajo mismo lo que trae la sensación de satisfacción: es la experiencia de perderte a vos mismo en la empresa, en la actividad. Horas sin esa voz volviéndote loco. Por unas horas, callás al yo.
Con las películas o los buenos libros es igual. Te perdés, se va el tiempo y no sabés qué pasó. Porque estabas ahí. El sexo es igual: termina en una experiencia en que se disuelve el yo, una sensación oceánica, como decía Freud, de perderte en algo más grande que vos.
De alguna forma, ese es el objetivo de la religión: la experiencia mística. Perder la sensación de yo.
La separación sujeto/objeto se disuelve y sucede la unión: yoga.
El problema es el yo
La clave del problema es tu yo, vos mismo. El egoísmo es el problema: el estar todo el tiempo pensando en vos mismo.
Ayer fui a la misa que dio un sacerdote amigo que está de visita. Es monje recluso hace veinte años en un monasterio cartujo en Italia. Dijo en el sermón:
“La clave está en rendir el ego, rendir el yo y ponerlo a disposición de Dios para que fluya el amor. Si no te rendís, esto no puede suceder.”
Solo con verlo me di cuenta de que hablaba desde la más pura experiencia y realización: el amor encarnado.
Dice Santa Teresa de Ávila:
"Tememos la muerte hasta que conocemosla verdad sobre nosotros mismos.Las costuras en mi cuerpo se han roto;me hice a un lado de esa parte mía que no amaba todo el tiempo.."
Rendir el ego
No es fácil rendir el ego si creemos que existe de la manera en que creemos que existe.
Para ubicar cuál es el yo del que estoy hablando, conectate con la última vez que te acusaron injustamente de algo y dijiste: “¡Yo no fui!”.
El método que nos dejaron los conquistadores es, por un lado, analizar la creencia que tenemos de ese yo. Ver si existe verdaderamente del modo en que creemos. Lo importante aquí no es si el yo existe: lo importante es cómo existe.
La otra parte del método es la práctica de intercambiarte con otro. Salir de vos y ponerte en los zapatos de otro.
Dos tipos de otro que puedes ser
En nuestro linaje se dice que hay dos tipos de otro que podés ser —y verás que podés ser los dos al mismo tiempo—:
• Podés ser un santo (Imitatio Christi). Para esto tenés que morir a tu idea de vos mismo: dejar de ser oruga y convertirte en mariposa.
• Podés ecualizarte e intercambiarte por otros. Dedicar tu vida al servicio de los otros.
La lectura de este mes es del Bodhisattvacharyavatara, el capítulo 8, sobre la meditación. En cada clase de yoga, los profesores te contarán sobre cada uno de esos versos.
Carola Terreni



