Febrero 2009 — Viviendo en el presente (Parte I)
- kaladanda
- 2 feb 2009
- 6 min de lectura
Actualizado: 25 abr

La importancia de vivir en el presente —de “estar aquí ahora”, como dijo Ram Dass— es un punto espiritual de suma importancia. Y, por lo tanto, hay más escondido allí de lo que parece a primera vista.
No solo es más fácil decir “viví el presente” de lo que es hacerlo. También hay una forma correcta de relacionarse al aquí y ahora, y una forma incorrecta. Un practicante espiritual sofisticado debe aprender a estar “aquí y ahora” de forma sabia. De otro modo, estar en el presente puede convertirse en otra forma de sufrimiento.
Prestar atención a lo que ocurre
Estar atento a lo que ocurre en el momento es, sin duda, un componente crucial de una vida bien vivida. Chögyam Trungpa Rinpoche decía:
“Toda la práctica debe estar basada en la relación entre vos y el ahora.”
Abraham Maslow —una de las figuras más importantes de la psicología moderna— dijo algo parecido:
“La habilidad de estar en el momento presente es un componente de suma importancia en el bienestar mental.”
Uno de los signos que podemos ver del profundo malentendido de nosotros mismos y del mundo, es que cuando prestamos atención, enseguida nos damos cuenta de cuán poco tiempo estamos en el aquí y ahora. Nuestras mentes están constantemente esquivando la realidad y habitando, en cambio, en tiempos que ni siquiera existen.
El pasado que no existe más
A menudo estamos recordando un pasado que se ha ido —ya sea de forma nostálgica o, más a menudo creo yo, con resentimiento—. Y nuestros recuerdos son apenas algo parecidos a lo que pasó, o nada que ver. En las palabras de Mark Twain:
“He vivido una larga vida y he visto muchos momentos duros… la mayoría de los cuales nunca sucedió.”
El pasado, podemos decir, no es lo que solía ser.
El futuro que todavía no llegó
Y cuando no estamos ensayando —y reinventando— el pasado que ya no es, estamos soñando con un futuro que no ha llegado. Un futuro que, cuando llegue, casi con seguridad va a ser diferente de lo que pronosticamos. El futuro nunca es exactamente como lo pensamos, y la mayoría de las veces es completamente diferente de lo que imaginamos.
Así que, ¿de qué sirve lo que hacemos? Nos estamos posicionando para desilusionarnos cuando el futuro llegue; y, mientras tanto, generamos sentimientos de ansiedad en el presente, preocupándonos por lo que podría suceder. Andrew Solomon, que escribió un libro interesante sobre la lucha con la depresión, dice que cuando nos agitamos sobre el futuro:
“Todo lo que sucede en el presente es la anticipación de dolor… y el presente no existe más.”
Vivir en tiempos que no existen, que están fuera del presente, es claramente loco, y se aleja de la conciencia momento a momento que tendríamos que estar cultivando sobre lo que está pasando ahora. Se dice que si tenemos un ojo en el pasado y el otro en el futuro, vamos a tener la visión incorrecta hoy.
El pasado y el futuro son solo alucinaciones, si pensamos que existen como otra cosa que no sea partes de nuestro estado actual de conciencia. Alan Watts dice:
“Me he dado cuenta de que el pasado y el futuro son verdaderas ilusiones: existen en el presente, y el presente es lo que es, y es todo lo que es.”
La sabiduría es gozo
Así es que es ignorante no vivir en el presente, dado que no hay otro tiempo. Y, dicho sea de paso, la ignorancia no es gozo; la sabiduría es gozo.
Vivir en el único momento que está sucediendo es la llave de la felicidad y del contentamiento. No somos felices cuando estamos nostálgicos o resentidos por el pasado (que ya se fue), ni tampoco somos felices cuando estamos anticipando con ansia el futuro, o preocupándonos por él (que todavía no ha ocurrido). Alguien dijo una vez:
“Después de haber pasado la mayor parte de mi vida tratando de revivir el pasado, o de experimentar el futuro antes de que llegue, he llegado a creer que entre esos dos extremos está la paz.”
Una forma de pensar sobre el contentamiento es estar presente “aquí y ahora”, en vez de estar siempre “allí y entonces”. Por ahora, esto está bien. Pero aunque podamos sacar nuestras mentes del pasado y del futuro imaginarios, y así focalizar en el presente, debemos tener sabiduría sobre cómo estar en el presente con realismo e inteligencia.
Vivir en el presente es necesario, pero no suficiente
Necesitamos aprender cómo estar “aquí y ahora”.
Estar consciente de la vida en el presente no es, en sí mismo, lo que va a conducirnos al contentamiento. Uno de los motivos por los cuales tratamos de evitar lo que está ocurriendo ahora es que no estamos contentos con lo que está sucediendo en el presente. Sufrimos no solo porque nuestras cabezas no están en el presente, sino también porque tenemos una visión incorrecta sobre el tiempo en que vivimos en verdad.
Y, ¿cuál es este malentendido sobre el presente, que precede nuestra aceptación del mismo y nuestra felicidad con él? Es pensar que va a durar.
El sufrimiento del cambio
Confundir la impermanencia por la permanencia es una de las formas en que nuestra ignorancia nos lleva a ser infelices. En terminología budista es conocido como “el sufrimiento del cambio”.
Podemos tener un nuevo auto, un nuevo novio o novia, un nuevo puesto en nuestro trabajo, ir de viaje a algún lugar exótico… y, de algún modo, creemos que las emociones excitantes que experimentamos con esa nueva adquisición o lugar van, de algún modo, a durar. En otras palabras, una parte nuestra se relaciona con este momento presente de manera irreal: “Esta cosa o esta experiencia va a durar para siempre, y este gozo que siento ahora con esta cosa o experiencia va a ser como me sienta siempre.”
Y después, cuando cambia —como por supuesto va a suceder— nos zambullimos nuevamente en la infelicidad. La montaña rusa sube y baja. Este hecho de la vida es una de las razones por las cuales, de acuerdo a los textos budistas, la vida es sufrimiento.
Negación y aferramiento
No es solo que inconscientemente creemos que las cosas que cambian no cambian. Al mismo tiempo nos damos cuenta de que las cosas son impermanentes —¿cómo podríamos vivir unos días y no tener ni idea de esto?— mientras que al mismo tiempo permanecemos en negación sobre ese hecho.
Pero la respuesta que tenemos ante el reconocimiento del cambio es tan contraproducente como lo es la negación del cambio: tratamos desesperada y ansiosamente de aferrarnos a esas cosas y seres que amamos y disfrutamos, como si aferrarnos a ellos con más fuerza pudiera, de algún modo, mantenernos inmunes al proceso del tiempo mismo.
Nos apegamos al presente en que vivimos, porque estamos preocupados de que el presente se convierta en futuro. Un futuro que sabemos —o al menos tememos— no va a ser como el presente.
También apegados a lo negativo
Así que esa es una forma de vivir el presente en el presente, pero seguir infelices debido a nuestra ignorancia. Acá hay otra forma de sufrir: podemos experimentar eventos no deseados en el presente y, otra vez, confundir la impermanencia por la permanencia y pensar: “Las cosas van a ser así para siempre; así es como me voy a sentir por el resto de mi vida.”
Nos apegamos al presente desde un punto de vista negativo, y nos convencemos a nosotros mismos de que este presente desagradable es, de alguna forma, estable, fijo y duradero. Nos olvidamos de lo que puede verse como el lado bueno de la impermanencia: esto también pasará.
En los dos casos nos identificamos con un presente que cambia, y el resultado es que sufrimos. Y como decía el gran maestro espiritual y místico George Gurdjieff, la llave para la felicidad es no estar identificado con lo que es impermanente —ya sea algo que ves como positivo, o algo que ves como negativo—.
Presente y desapegado al mismo tiempo
Así es que el secreto de la felicidad parece ser vivir en el presente. ¿Dónde más podrías vivir? ¿Cuándo podrías ser feliz? Pero de igual manera —o tal vez más importante—, el secreto de la felicidad es no estar identificado con el presente y estar desapegado del mismo presente que estás, simultáneamente, ocupando completamente.
El practicante sabio trata de estar en el momento, pero sabe que es solo por un momento. Y esto requiere no solo entrenamiento y práctica, sino también un cierto tipo de sabiduría. Requiere el desarrollo de la conciencia presente, y también del entendimiento y la aceptación de la naturaleza verdaderamente impermanente y constantemente cambiante de la vida —darse cuenta de que el presente es solo por un momento—.
— Lama Sumati Marut



