Invierno 2018 — Como una casa de huéspedes
- kaladanda
- 2 jul 2018
- 3 min de lectura
Actualizado: 25 abr

El ser humano es una casa de huéspedes.Cada mañana, un nuevo recién llegado.
Una alegría, una tristeza, una maldad,cierta conciencia momentánea llegacomo un visitante inesperado.
¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!Incluso si fueran una muchedumbre de lamentosque vacían tu casa con violencia,aun así, trata a cada huésped con honor.Puede estar creándote el espaciopara un nuevo deleite.
Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,recíbelos en la puerta riendoe invítalos a entrar.
Sé agradecido con quien quiera que venga,porque cada uno ha sido enviadocomo un guía del más allá.
— Jellaludin Rumi
Después de leer este poema de Rumi, me quedé pensando en la similitud que tiene con la meditación en la que observamos el contenido de la mente sin apegarnos y sin rechazar lo que sea que surge momento a momento. En las clases de meditación lleva el nombre de “Asentar la mente en su estado natural”.
Es una meditación de foco en la que los pensamientos, emociones, recuerdos e imágenes son nuestro objeto de meditación. Por lo tanto, no intentamos que desaparezcan, ni deseamos que no aparezcan: simplemente nos convertimos en testigos, libres de apego y rechazo.
Recibir a todos los huéspedes
Tal como dice Rumi, los pensamientos, ideas, creencias y demás son como huéspedes que nos visitan sin avisar. El poeta nos invita a recibirlos a todos con ecuanimidad, nos dice que no hagamos diferencia, prefiriendo unos pensamientos sobre otros. Podemos decir, incluso, que el yogui no prefiere la ausencia de pensamientos.
Ni siquiera preferir que la mente se calme, se aquiete, se asiente.
Observar sin perder el discernimiento
Ahora bien: hay una diferencia crucial entre ser un observador que no se apega, no prefiere, no rechaza ni se enoja, y ser un observador que no discierne.
El yogui no pierde el discernimiento. Cuando aparece un pensamiento constructivo que conduce a la felicidad genuina, lo nota. Cuando aparece un pensamiento destructivo que conduce al sufrimiento, lo nota.
El yogui permanece despierto: no le da todo lo mismo, sabe distinguir. Horas de meditación de este estilo llevan al yogui a notar sus tendencias mentales, a conocerlas profundamente. El discernimiento y la consciencia de los hábitos mentales que el yogui logra con la práctica de la meditación, es mantenida fuera de la meditación, cuando vive su vida diaria, e incluso cuando sueña.
Cuida tus pensamientos
Gandhi dijo:
“Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino.”
Estas sabias palabras nos recuerdan la importancia de no perder el discernimiento —ni en nuestra meditación, ni en nuestra vida cotidiana—. Hábito es otra forma de llamar al karma. Mucha gente hoy en día dice: “Y bueno, no hay nada que pueda hacer, es mi karma”. Pero los yoguis nos dicen que sí hay algo que podemos hacer.
Por ejemplo, podemos sentarnos o recostarnos a hacer la meditación que mencioné al principio del texto, y no hacer nada más que:
• No apegarnos ni enojarnos con lo que surge.
• No identificarnos con lo que surge.
• No hacer real lo que sea que surge.
• Mantener la facultad mental del discernimiento encendida.
De este modo veremos las tendencias constructivas y destructivas, las conoceremos bien, y cuando surjan en el día —o en los sueños, en los que estemos lúcidos— tendremos más espacio para elegir caminar nuevos caminos. Sabremos que un pensamiento es solo un pensamiento, que no es igual a “yo”. Es solo un visitante que apareció en nuestra casa sin aviso.
Cada huésped, un guía
Al final de su poema, Rumi sugiere que lo que surge en el espacio de la mente puede ser como una guía que nos susurra por dónde ir, o por dónde no ir.
Tal vez sea por eso que la gratitud despierta espontáneamente en nuestro corazón, al abrirnos a esa posibilidad.
Carola Terreni



