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Junio de 2010 — Vinyasa Krama

Actualizado: 25 abr


Los yoguis somos radicales. En nuestra cruzada hacia la iluminación —la felicidad eterna— buscamos liberarnos de las ataduras del condicionamiento cultural, para explorar y luego ver directamente la verdadera naturaleza de la realidad. La práctica de vinyasa krama puede ayudarnos en este esfuerzo.

La palabra vinyasa está compuesta de dos partes: vy (orden) + nyasa (ubicación); y la palabra krama significa “la secuencia de eventos sin interrupción desde el principio hasta el fin”. Todo junto significa: “la ubicación ordenada de una secuencia de eventos”. Usualmente simplificado en el término “vinyasa”, se refiere a una secuencia fluida de asanas que están unidas por la respiración y la intención.

Contrariamente a lo que suele pensarse, nuestro mundo es un proceso, no una colección de objetos. Todos los elementos de todos los seres animados e inanimados en el universo están en constante cambio. La secuencia de cambios está ocurriendo siempre, pero generalmente nos pasa que está unida por inconsciencia y no la percibimos. La mayoría de nosotros vemos a la realidad objetiva como más real que la subjetiva, y utilizamos mucha de nuestra energía vital intentando conseguir nuevos objetos o intentando detener la decadencia gradual de todo lo que tiene forma.

Cuando inyectamos consciencia en el proceso de cambio, podemos tomar conciencia del pasado y del futuro —ya que ambos son experimentados simultáneamente en el presente— y, al utilizar la intención, podemos dirigir la secuencia de cambios hacia el beneficio de todos los seres.

Eso es el estado de iluminación.

En vinyasa practicamos una secuencia de asanas como un movimiento continuo desde el principio hasta el fin. Todos los movimientos —hacia una postura o saliendo de una postura— están ligados a una inhalación o exhalación y a la intención, haciendo que la práctica se mueva hacia adelante. (La intención es la razón que subyace a la práctica.)

Algunas claves importantes para la práctica de asana

  • Respiración pareja y continua. Las inhalaciones y las exhalaciones deberían ser de la misma duración y mover el mismo volumen de aire. La respiración Ujjayi hace que sea audible y más fácil de regular. No debería haber pausa ni retención de la respiración en ningún momento: el fin de cada inhalación fluye hacia el comienzo de cada exhalación, y viceversa. De este modo la respiración es utilizada como una herramienta para entrenar la atención. La calidad de la respiración refleja la calidad de la mente en cualquier postura o transición: si tiene una cualidad libre de apego (ignorante) al placer o de rechazo (ignorante) al dolor o a la molestia, entonces la mente tendrá la misma cualidad.

  • Movimientos sin pausa. Al igual que con la respiración, no debería haber pausa entre los movimientos. La transición hacia un asana o saliendo de él debería llevar la misma cantidad de tiempo que la inhalación o la exhalación a la cual está ligada, ni más ni menos. Eso significa que un movimiento simple puede tener que hacerse más lento que lo usual, y uno más complicado puede tener que realizarse más rápido que lo usual. Apenas se completa un movimiento (en el tiempo de la inhalación o exhalación), comienza el próximo, de modo que la práctica fluye sin brechas.

  • Mula Bandha durante toda la práctica. Este bandha dirige la consciencia desde lo mundano hacia lo espiritual y nos recuerda nuestra intención.

Una práctica de vinyasa correctamente ejecutada puede ayudarnos a romper el hábito de ver el mundo que nos rodea como una colección de objetos, y de ver la vida como una serie de sucesos separados. Imita la forma en que funciona la naturaleza: siempre en movimiento, cambiando, en forma de curvas. Los eventos en la naturaleza no suceden de repente; se desenvuelven, se desarrollan.

Entonces, en nuestra práctica de vinyasa, no “hacemos” uttanasana, y luego urdhva mukha, y luego adho mukha de forma cortada y estática, sino que permitimos que cada asana se desenvuelva hacia la siguiente, del mismo modo en que una semilla se desenvuelve en un brote, luego en un pimpollo y después en una flor, para finalmente regresar a la tierra a nutrir a la próxima generación. Cuando las asanas —la secuencia de cambios— se tejen así con la respiración y la intención consciente, nos alineamos con el constante fluir, con el ritmo ondulante del universo.

— Sharon Gannon

 
 

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