Marzo de 2010 — El jardín de tu vida (Parte I)
- kaladanda
- 1 mar 2010
- 5 min de lectura
Actualizado: 25 abr

Continuando con la enseñanza del mes de febrero, este mes vamos a profundizar un poco en el funcionamiento de las semillas mentales y también veremos cuáles son las semillas que resultan en la felicidad suprema, el paraíso, o como más te guste llamarlo. Para eso quiero compartir con ustedes la enseñanza de Winston McCullough:
“En el Budismo creemos que, en el momento presente, todo lo que nos sucede —desde el color del cielo y mis pensamientos, hasta la situación en la que me encuentro— puede existir únicamente por haberme expuesto en el pasado a algo similar. O sea que, si al mirar a alguien a los ojos veo bondad, o si pienso en alguien y veo cualidades negativas en él o ella, eso que percibo solo puede existir porque yo he sido así con alguien en el pasado.
Así es como tenemos todas estas tendencias, o semillas, que florecen en un cierto momento y producen cada detalle de nuestro mundo. Cada detalle de nuestro mundo es el producto de nuestras acciones pasadas. Karma significa acciones pasadas. Mis acciones de hoy son las que crean mi mundo en el futuro. Eso es, en muy pocas palabras, lo que el Buda enseñó.
Algunas preguntas pueden surgir: ¿Tenemos la capacidad de controlar nuestro mundo? ¿Podemos crear nuestro mundo? Sí, por supuesto; por eso meditamos y estudiamos, porque podemos controlarlo. Pero la cuestión aquí es el timing. En el momento presente, todas las cosas que percibo, todas las cualidades que percibo en mí mismo y en las personas con las que me encuentro, son el resultado de mis acciones pasadas hacia los demás.
Entonces, ¿puedes controlar el mundo en el momento presente? Si estás hablando con alguien y te está insultando, ¿puedes cambiarlo en el momento presente?
No.
¿Cuál es la prueba de que no puedes? Si pudieras, lo harías siempre, como si fueras un mago, lo cambiarías instantáneamente. El hecho de que no podamos hacerlo prueba que hay otra fuerza que produce todas las características de todo en nuestro mundo. ¿Cuál es esa fuerza? Mi bondad o mi egoísmo hacia los demás son los que producen mi mundo presente.
La forma en la que respondo a mi mundo ahora crea todas las cualidades y situaciones de mi futuro.
¿Podemos crear un paraíso? Sí. ¿Lleva tiempo? Sí. Es como aprender a ser un gran bailarín: requiere tiempo y entrenamiento constante y consistente. Requiere disciplina —Dulwa—, vivir una vida ética. Ese es el fundamento del Budismo: práctica constante y consistente de bondad y compasión.
En el momento presente, mis acciones del pasado están determinando completamente mi mundo; así que, en ese modo, no hay libre albedrío: no soy el jefe de mis sentimientos, ni de mi cuerpo físico, ni de las cosas y situaciones que me rodean. Pero el mundo del futuro es completamente mi creación, y puedo decidir si voy a responder con crítica o con apreciación a otra persona. Cada una de esas pequeñas decisiones va a crear las cualidades de la gente con la que me encuentre en el futuro.
Podemos pensar que seres increíbles como Gandhi, Su Santidad el Dalai Lama, Jesús y muchos otros fueron, en algún momento, igual que yo hoy: se sentaron en clase, tal vez prestaron más atención y después practicaron mejor, y así crearon el paraíso, mientras que yo sigo aquí, atrapado en los altibajos de mi vida.
Otras preguntas: mi habilidad de restringirme de responder con crítica a alguien, mi habilidad de ser agradecido, ¿son el resultado de mis acciones pasadas? ¿Es un hábito? Sí, claro que sí.
Imagina dos personas que están tratando de practicar dharma no enojándose ante una situación: una de ellas puede restringir su ira y la otra no. Probablemente la razón es que la que pudo restringirse lo había estado practicando en el pasado.
La restricción de la ira, o de cualquier aflicción mental en el presente, es la causa de nuestra habilidad futura de restringir algún tipo de reacción negativa. Y esto tiene dos implicancias:
• No pierdas la oportunidad de practicar. Cada vez que soy perezoso y no tengo ganas de practicar dharma, estoy debilitando mi capacidad futura de practicarlo.
• La otra es más seria: si hasta mi capacidad de practicar dharma viene de infinitos actos de compasión, parecería que es muy difícil salir de samsara (la rueda de sufrimiento, los constantes altibajos de la vida, la insatisfacción, la muerte), porque es una historia interminable de condicionamiento. Y es verdad: es muy difícil salir de samsara. Piensa en el 99 % de la población de nuestro país: de acuerdo a lo que parece, ¿qué están haciendo hoy sábado? Un poco de tele, un poco de juego, un poco de drogarse con narcóticos, alcohol, shopping o entretenimiento sin sentido. Lo que sea para distraerse de reconocer la condición en la que estoy. Así que es muy raro ser alguien que tiene la capacidad, o la atracción, hacia las ideas que estamos explorando ahora.
Preguntas tales como el libre albedrío, la vacuidad, el funcionamiento del karma y otras, van a surgir en tus meditaciones. Vas a pensar en ellas y es bueno explorarlas. Puede que te lleve meses o años hasta que puedas responderte. Voy a ser completamente honesto contigo: lo que va a responderte estas preguntas es la bondad que tengas. La bondad es lo que va a producir el entendimiento de tus preguntas más profundas.
¿Cómo funciona esto? Lo meditas y analizas durante años, mientras realizas bondades extraordinarias: por ejemplo, trabajar duro para no criticar a otro, a esa persona que te molesta o te da celos. Trabajas duro durante un mes para no criticarla, y entonces, un día, te vas a encontrar caminando por la calle, y la respuesta a esa pregunta se va a aclarar para ti. Ya no vas a tener más esa duda, porque sabés la respuesta. Casi como si alguien te hablara en ese momento, respondiéndote al oído.
Las respuestas están flotando; están en todos los libros, en las clases; pero nos eluden hasta que nuestros corazones están listos para escuchar.”
Estudiemos entonces cuáles son las semillas de la bondad, la disciplina diaria y constante de un yogui o yoguini en busca de la libertad para sí mismo y para todos los seres.
Cuerpo
1. Proteger la vida, elevar el bienestar de otros / No dañar la vida, no matar.
2. Respetar la propiedad de los demás / No robar (ni el tiempo).
3. Respetar las parejas de otros / No adulterio ni discriminación sexual.
Palabra
4. Honestidad, dar impresiones verdaderas / No mentir, no engañar, no dar impresiones falsas.
5. Hablar para unir / No criticar, no separar a las personas (ver Crítica y chusmerío).
6. Palabras dulces, hablar con respeto / No insultar, no hablar con malas intenciones, no ser sarcástico.
7. Hablar solo de cosas con sentido / No hablar en vano, no decir las oraciones y pensar en otra cosa, no chismosear.
Pensamiento
8. Celebrar los éxitos de los demás / No codicia, no ponerse triste porque los demás son exitosos.
9. Sentir compasión cuando otros sufren / No celos, no deseos de que los otros fallen, no competitividad.
10. Ver el potencial oculto en todas las cosas —causa y efecto—, comprender de dónde vienen las cosas / La visión incorrecta del mundo sería creer que lo que hago, digo o pienso no tiene consecuencias en mi mundo.
Carola Terreni



