Mayo de 2010 — Agradecer
- kaladanda
- 1 may 2010
- 3 min de lectura
Actualizado: 26 abr

Uno de los componentes clave de la vida espiritual es la gratitud. Sin gratitud, las dificultades de nuestra vida pueden hacernos rencorosos y, a nivel energético, bloquear el flujo del prana en el cuerpo. El rencor es un odio a largo plazo que deja su huella en todo nuestro ser, en todas las capas que nos conforman.
La práctica de la gratitud es una de las joyas más preciosas que nos enseñan los seres que, después de mucho sufrimiento, entendieron y tuvieron la inmensa bondad de enseñarnos.
¿Cómo es esta práctica?
1. Repetir gracias como un mantra. Repetir mentalmente gracias durante todo el día, sin importar lo que estés viviendo. A medida que nos transformamos y nos abrimos a la gracia divina, comenzamos a comprender que todos y todo es sagrado, incluidos nosotros mismos. Gracias.
2. Agradecer al final del día. A la noche, al acostarte, te vas a dormir pensando en todos los seres con los que entraste en contacto ese día y, uno por uno, les agradeces por algo. En algunos casos el agradecimiento va a surgir naturalmente; en otros, tal vez tengas que buscar un poco más. Recuerda entonces que los maestros, en nuestra vida, toman cualquier forma que sea necesaria para enseñarnos a amar. Cualquier forma…
Y así te duermes, agradeciendo. Lo mismo lo puedes hacer a la mañana, pensando en las personas que crees que vas a encontrar ese día, y agradeciéndoles de antemano.
Will Duncan, un amigo de la Universidad de Diamond Mountain, dice algo muy interesante:
“Tenemos la noción, en nuestra cultura, de que si estamos pagándole a alguien por su trabajo, entonces no tenemos que serle agradecidos.”
Me parece importante que podamos reconocer esa tendencia a pensar que las personas que nos están sirviendo —empleados, mozos, colectiveros, maestros, verduleros, etc.— lo tienen que hacer porque les estamos pagando, y que además, en la mayoría de los casos, no están a la altura de nuestras expectativas.
Will trabaja como mozo en un restaurante en Arizona, y lo hace gratis, por el puro placer de servir. Pero la gente que va a comer allí no tiene idea de esto. Will cuenta que una noche una pareja se enojó porque su comida tardaba en salir, y le dijeron que, como castigo, no le iban a dejar propina. ¿Qué pasaría si esas personas supieran que él los está sirviendo por el puro placer de servir?
3. Un día dedicado a ver el servicio. Un día a la semana haces de cuenta que todos los que te sirven están donando su tiempo para vos. Cada persona con la que entras en contacto ese día te está sirviendo por el puro placer de servirte, para verte feliz, nada más.
Observa cuánta gente te sirve y cuánto te están cuidando. Hagamos una pequeña lista para darnos una idea:
Los que producen la comida que tienes en la heladera.
Los animales que dan su vida.
Los que embolsan tu comida con mucho cuidado para que la lleves a tu casa.
Los que te escuchan cuando tienes problemas y te aconsejan.
Los que cargan la nafta de tu auto.
Los que cuidan tu barrio.
Los que manejan el tren.
Los que hacen que tengas luz en tu casa.
Los que limpian tu casa.
Tus padres.
Los maestros tuyos y de tus hijos.
Los que te ayudan a sanarte cuando estás enfermo.
La lista es infinita.
Imagina ir a un restaurante con esta mentalidad:
Llega el mozo y te dice: “¿Qué querés comer? Tenemos esta lista, toda para vos. Lo cocinamos rápido, para vos. Y, además, te lavamos los platos.”
Ser agradecidos con todo y todos nos conecta directamente con la gracia divina. Y una vez que esa conexión está hecha, la transformación se acelera, y nos damos cuenta de que el reino del cielo está aquí y es ahora.
Carola Terreni



