top of page
Buscar

Octubre 2018 — Como un sueño

Actualizado: 25 abr


De los 8 mundanos a la ecuanimidad.

Continuando con el tema de los 8 intereses mundanos que mencioné en septiembre, voy ahora a contar cómo llevar a la vida la práctica de la ecuanimidad —libre de apego y rechazo— con tips que recibí de mi querido maestro Alan Wallace.


El sueño no-lúcido

Imaginemos por un momento que estamos dormidos y soñando un sueño no-lúcido —no nos damos cuenta de que estamos soñando—. Estamos atrapados por la trama del sueño, deseando que suceda una cosa y temiendo que suceda otra. Mientras soñamos, nos esforzamos por que el sueño se desarrolle como nosotros deseamos.

El problema con esto es que, por más placentero que sea el sueño, en el fondo estamos tensionados, porque permanecemos llenos de deseo y esperanza de que continúe bien, y temerosos de que se torne en un sueño de terror. El sueño no-lúcido está saturado de ignorancia; estamos atrapados por los tentáculos de la esperanza (que las cosas sean de cierta manera) y del miedo (a que no sean de cierta manera).

El gran problema surge —dice A. Wallace— porque nos identificamos con el personaje del sueño y lo reificamos: lo creemos real. Y así creamos nuestra propia prisión.


Dormidos también cuando estamos despiertos

Al igual que en los sueños, cuando estamos despiertos seguimos dormidos a una realidad más profunda: seguimos identificados con el personaje que creemos ser, y lo reificamos. Andamos como sonámbulos, sentados en un subibaja, fluctuando permanentemente entre los extremos de la esperanza y el miedo.

Los 8 intereses mundanos: la fluctuación permanente

Los 8 intereses mundanos son esa fluctuación permanente en nuestra mente, que habita en la vigilia y en el sueño:

•          Contentos si obtenemos ganancia material — tristes si la perdemos.

•          Contentos si sentimos placer y comodidad — tristes si sentimos dolor e incomodidad.

•          Contentos si los demás nos aprecian — tristes si los demás nos desprecian.

•          Contentos si obtenemos fama y buena reputación — tristes si nadie nos conoce, o si nuestra reputación se desvanece.


Para lograr lucidez, no identificarnos

Aquellos que alguna vez han tenido un sueño lúcido saben muy bien que es imposible lograr lucidez si nos identificamos con el personaje del sueño y lo hacemos real. La única manera de lograr lucidez en el sueño es no reificando y no identificándonos con nuestro personaje en el sueño.

Recordemos que el camino budista es un camino de despertar. Despertamos del sueño que llamamos “realidad” (samsara). Tanto es así que el término tibetano para Buda es Sangyé, y se explica de este modo:

•          Sang es “despertar” del sueño de ignorancia (engaño), y purificar la oscuridad de las obscuraciones emocionales y cognitivas.

Aquel que no duerme más en la ignorancia,quien permanece en la sabiduría,ha despertado verdaderamente como un Buda,del mismo modo que cuando despertamos de un sueño ordinario.

•          Gyé es apertura, como una flor de loto que se abre, desarrollando la sabiduría de la omnisciencia —la sabiduría de la verdadera naturaleza de las cosas, tal cual son, sin proyección ni déficit—.

Sus mentes se han abierto a todo lo que puede ser conocido,y han atravesado el fuerte sello de la ignorancia (el engaño).Así es como los que han despertadoflorecen como flores de loto.

¿Cómo detener el subibaja?

Veamos, entonces: ¿cómo hacer en la vida diaria para lograr lucidez? ¿Cómo hacemos para mantenernos en equilibrio, en el centro del subibaja de fluctuaciones mentales? O: ¿cómo hacemos para detener el subibaja?

Las enseñanzas nos dicen que la manera de ser libres es intentando ver todo lo que nos sucede con ecuanimidad, ver que nada tiene el poder de causarnos placer o dolor de su propio lado —especialmente, concentrémonos en el placer o el sufrimiento mental—. Para esto es necesario analizar profundamente la realidad (vipashyana). Una investigación que podemos hacer es, por ejemplo, sobre la diferencia entre felicidad hedónica y felicidad genuina, o bienestar genuino.


El ejercicio del 80/20

Imaginemos que nuestra vida es una oportunidad de invertir nuestra energía y nuestra atención, y que decidimos invertir 80% en la felicidad hedónica (riqueza, fama, poder, comodidad y demás), y solo 20% en la eudaimonia (serenidad, sabiduría, las virtudes del corazón).

¿Qué sucederá cuando naturalmente todo cambie —ya que no tenemos control sobre la felicidad hedónica—?

•          Cuando la economía mejora para nosotros, nos alegramos. Cuando empeora, nos entristecemos, enojamos y obsesionamos.

•          Cuando tenemos salud, un buen lugar, comodidad, nos alegramos. Cuando enfermamos, estamos en un lugar desagradable e incómodos, nos entristecemos, enojamos y obsesionamos.

•          Cuando muchas personas nos aprecian, nos alegramos. Cuando una o muchas nos desprecian, nos entristecemos, enojamos y obsesionamos.

•          Cuando somos famosos y prestigiosos, nos alegramos. Cuando las circunstancias cambian y perdemos la fama y el prestigio, nos entristecemos, enojamos y obsesionamos.

Esto sucede porque pusimos toda nuestra energía en un tipo de felicidad sobre la cual no tenemos ningún control. Sería igual a invertir toda nuestra fortuna en un emprendimiento sumamente inestable, y que está destinado a fracasar. Las olas de samsara arrasan, y solo hay una pequeñita piedra —que cultivamos con el 20% de la energía de esta vida— para mantenernos a flote. Invertir 80% en samsara no es una inversión muy inteligente, ya que está destinada a fracasar.

En cambio, si ponemos 80% de nuestra energía vital en la felicidad genuina y 20% en la hedónica —lo suficiente como para cubrir las necesidades básicas propias y de los seres que cuidamos—, ¿qué pasará cuando la tormenta golpee nuestra vida, cuando las circunstancias cambien para peor, o mejor, o peor, o mejor… en una o varias áreas?

Debido a que cultivamos las semillas del amor y la sabiduría, estaremos más entrenados para soltar el apego y el miedo; más entrenados en no identificarnos, ni reificar las situaciones, las personas ni a nosotros mismos. La roca que se creó con nuestra energía funcionará como base y soporte en medio de un mundo cambiante e inestable.


Dos formas de encarar la vida

Por último, podemos ver que hay dos formas de encarar la vida: o tratamos desesperadamente de que las cosas sean como deseamos, o hacemos una transformación interior y detenemos el subibaja.

Para resumir, dos métodos:

•          Intentar controlar las situaciones externas, poniendo mucho esfuerzo en que todo se mantenga estable, ordenado, prolijo, abundante y placentero (las finanzas, el gobierno, los hijos, la pareja, la salud, la belleza, los amigos, la profesión, etc.). El problema con este método es que es agotador, ya que todo cambia momento a momento y no tenemos control sobre ese cambio.

•          El método que nos da el maestro Shantideva, en el texto Guía para la vida de un Bodhisattva, refiriéndose a cómo protegerse de las espinas al caminar:

            No puedo cubrir el planeta con cuero,pero puedo cubrir mis pies.Del mismo modo, no puedo controlar los eventos externos,pero si pacifico mi mente,¿qué más necesitará ser controlado?

Cubramos los pies con cuero cultivando el bienestar genuino, y caminemos por la vida con el corazón despierto: cada paso, más serenos y libres.


Carola Terreni

 
 

​© Kaladanda todos los derechos reservados

bottom of page