top of page
Buscar

Otoño 2013 — Aprendiendo a amar a través de la palabra

Actualizado: 26 abr


Siguiendo con el hilo que empezó este verano —en el que contemplamos cómo aprender a amar a través de nuestras acciones—, este otoño profundizaremos en nuestras acciones verbales, lo cual también se aplica a lo que escribimos.

A través de la palabra sembramos semillas que, como dije en el verano, generan un movimiento de energía que más adelante se plasma en nuestra vida en ámbitos diversos. Cuando hablamos o escribimos, podemos construir, destruir o dañar. Y no solo dañar a otros, sino también a nosotros mismos: somos interdependientes, y todo lo que decimos que lastima vuelve a nosotros de la misma manera.


Las 4 formas en las que dañamos con la palabra

En nuestro linaje se describen cuatro formas en las que dañamos con nuestra palabra o escritura:

•          Cuando no somos honestos.

•          Cuando hablamos para juzgar y dividir a otros.

•          Cuando hablamos con sarcasmo o ironía.

•          Cuando hablamos en vano: los chismes, etc.

Años atrás, cuando mi maestro me enseñó las leyes éticas de las acciones verbales, tuve la sensación de que eran una acción que tenía que hacer desde afuera hacia adentro, de represión.

Con el tiempo me di cuenta de que las leyes éticas son, simplemente, pautas para aprender a amar más y mejor: son de adentro hacia afuera. Entendí que no se trata solo de reprimir un torrente de palabras que lastiman, dividen, diferencian, juzgan, mienten. Entendí que la clave es frenar el torrente negativo e, instantáneamente, transformarlo antes de que salga por la boca.

¿Cómo? Con amor y sabiduría.

La clave, para mí, es aprender a frenar la palabra que lastima con amor y sabiduría, y transformarla en un instante, como una alquimia profunda en el corazón.


Las 4 formas en las que hablamos con sabiduría y amor

•          Cuando hablamos con honestidad.

•          Cuando no juzgamos y hablamos para unir.

•          Cuando hablamos con palabras amables.

•          Cuando hablamos de lo importante y dejamos que lo superfluo se desvanezca.

Este otoño vamos a agregar una más: me gusta la práctica de la gratitud y las bendiciones que podemos dar con la palabra.


Gratitud

Por ejemplo, agradecer siempre. No dar por sentado que las personas tienen que hacer de todo por nosotros. No pensar que, porque alguien es nuestro empleado, o porque le pagamos un servicio específico, no tenemos que agradecerle.

Dar gracias incluso a los que nos lastiman, porque nos ayudan tanto a crecer y a amar más y mejor. Agradecer a nuestros seres amados por estar con nosotros, a nuestros maestros, padres, parejas, hijos, alumnos, amigos… Es interminable el torrente de gratitud que podemos expresar con las palabras.


Bendiciones

Es desearle al otro todo lo bueno: que no sufra más, que sea plenamente feliz. No es necesario que sean cosas complicadas y extraordinarias, sino simples y verdaderas.

Bajás del taxi y le decís al conductor alguna de estas:

“Gracias, que tengas un lindo día.”“Gracias, que te vaya muy bien.”“Gracias, que tengas una hermosa vida.”


Y si te contó algo de su vida personal —por ejemplo, que su mujer está enferma—, entonces le agregás: “…y que tu mujer se cure muy pronto”. Para esto es importante registrar qué es lo que el otro nos dice, cuáles son sus deseos, dónde está sufriendo, y conectar la bendición con eso. Esto va a hacer que estemos despiertos, que hablemos con sentido y con dulzura.

¿Cuántos encuentros tenemos por día con gente que hace cosas por nosotros? (Acordate de que no importa que les pagues con dinero.)

Tenemos tantas oportunidades de agradecer y bendecir con la palabra —ya sea verbal o escrita—: tratemos de estar despiertos para aprovechar la mayor cantidad posible.


Con el deseo de que seas plenamente feliz,


Carola Terreni


 
 

​© Kaladanda todos los derechos reservados

bottom of page