Otoño 2018— Falla. Falla otra vez. Falla mejor
- kaladanda
- 2 abr 2018
- 4 min de lectura
Actualizado: 25 abr

Enseñanzas de la maestra budista Pema Chödrön.
“Falla. Falla otra vez. Falla mejor.” Pema nos trae estas palabras de Samuel Beckett y continúa:
“Pienso que, si hay una técnica que no es enseñada suficientemente pero que es muy necesaria, es saber cómo fallar y cómo hacerlo bien. Podríamos llamarlo el fino arte de fallar.
En el mundo hay mucho énfasis puesto en tener éxito. Y, ya sea que nos compremos esa idea o no, todos deseamos tenerlo, especialmente si consideramos que tener éxito es que las cosas funcionen tal como uno quiere. Según esa definición, fallar —errar— es que las cosas no funcionaron de la manera que uno quería.
Justamente sucede que no tenemos ninguna preparación para fallar. Creo que, si hay una cosa que te prepara para tener una idea de cómo trabajar con la crudeza de las cosas que no funcionan de la manera que quisieras, es la educación contemplativa.”
Cuando Pema habla de educación contemplativa, se refiere a la práctica de la meditación: una práctica en la que contemplás lo que sucede tal cual es, y lo ves venir, permanecer y, eventualmente, partir.
Escapar nos impide aprender
Lo que hacemos en general, apenas surge algo que nos duele o nos incomoda, es tratar de sacarlo de encima. Y al hacer eso, nos perdemos la oportunidad de aprender, crecer, despertar. Es justamente poder experimentar completamente —en especial los momentos duros— lo que nos conecta con nuestra vulnerabilidad y, por lo tanto, con otros que han pasado, o están pasando, lo mismo que nosotros. Esta es la base de la compasión.
“Sea lo que sea que hagas, no trates de escapar de ese momento.” — Pema Chödrön
Lo que aprendemos en esos momentos durísimos es lo que más tarde vamos a poder compartir verdaderamente con los demás, porque formará parte de nuestro ser.
Pema, en sus enseñanzas, nos alienta a permitir que nuestros grandes maestros sean los momentos en que las cosas no son como quisiéramos. Nos alienta a entrar en contacto con nuestra vulnerabilidad y a poder estar presentes en la incertidumbre.
“El material de trabajo son las circunstancias adversas. Lo que me ayudó a despertar más, a estar más presente y a ser más feliz fue, de algún modo, poder trabajar de manera directa con ese material, sin buscar distracciones y sin intentar esquivarlo. El poder aceptarlo como parte de la condición humana me ha dado un gran bienestar y felicidad. Siento que mi vida es plena y estoy en paz.”
Ser incondicionalmente amigables con nosotros mismos
Pema siempre habla de ser incondicionalmente amigable con uno mismo. La pregunta que le hacen siempre es: ¿qué hacer con las partes de uno mismo que uno no soporta, como el egoísmo, la petulancia, la ira, etc.? Ella contesta:
“¡Eso es exactamente tu material de trabajo! Pueden ser lo que parecen circunstancias externas —como enfermedad, tragedia, divorcio o lo que sea—, pero de hecho lo que importa es lo que eso detona en vos. Eso es con lo que trabajás: con lo que las circunstancias detonan en vos.
Cuanto más profunda es tu práctica de meditación, y cuanto más tratás de vivir esta vida, igual, una y otra vez, vienen estas situaciones más y más difíciles.
Yo soy un proceso y estoy siempre aprendiendo. Pero las cosas que siempre digo son:
• No quedes atrapada en la historia interna o diálogo interno que se repite y es negativo.
• Volvé a las sensaciones corporales.
• Hacelo con una enorme sensación de calidez hacia vos misma.”
Una clave es que sean tiempos cortos, sin esforzarte ni agotarte: de a poco, segundos, minutos, nada más.
“Por ejemplo, si una persona siente odio o desagrado hacia sí misma: no creerse la historia, sentir el cuerpo, volver a las sensaciones, conectarse con el hecho de que somos fundamentalmente buenos en vez de fundamentalmente malos.”
La práctica de la pausa
Pema se pregunta a sí misma: ¿qué es lo más importante para hacer todos los días —todas las mañanas, tardes y noches—? Y se contesta: “Es crear una brecha, una pausa.”
En la práctica de la pausa irrumpimos en lo que sea que nos tomó. Cuando algo sucede que nos conmueve y nos enoja, o nos sentimos agredidos y en peligro, entramos en una especie de agujero negro que en terminología psicológica se llama período refractario. En ese período solo vemos de manera cerrada y muy limitada.
En cambio, podrías darte cuenta de la manera en que tu mente fue tomada, y soltar lo que sea que te raptó. Esto sería aprender a permanecer con la experiencia, y dejarla ser, sin que escale, sin que nos tome completamente, sin caer en la perpetua rueda de sufrimiento.
“La práctica de la pausa la recomiendo muchísimo, porque te cambia la vida. La experiencia de ser tomado por las emociones es muy dolorosa, y limita increíblemente el potencial de tu corta vida humana, porque estás dentro de tu cabeza con la visión acotada y te perdés de tanto, mientras que abrirte te conecta.
Es muy diferente ir por tu vida lleno de odio, rencor, vergüenza, depresión y demás. Pero requiere de mucho coraje. El coraje es permitirte sentir lo que sentís y estar con vos mismo; ser vulnerable.
Esta brecha —o pausa— es muy importante, y en las enseñanzas budistas más profundas se hace más y más importante, al establecer la mente en su estado natural y la apertura y la frescura que devienen; eso te permite ver con claridad.
Así que: ‘Falla. Falla otra vez. Falla mejor.’ De ese modo aprenderás a estar presente con la crudeza de la vulnerabilidad en tu corazón.”
Carola Terreni



