top of page
Buscar

Primavera y Verano 2014/15 — Las 4 virtudes del corazón

Actualizado: 25 abr



Parte 1 — Las cuatro virtudes

Namaste. Repasaremos ahora las cuatro virtudes del corazón y veremos alguna de ellas desde un ángulo diferente. Más abajo, en la Parte 2, veremos la interconexión entre las cuatro.

En la tradición del yoga, el maestro Patanjali, en el siglo II aproximadamente, las describe así:

Maitri karuna muditopekshanam sukha duhkha punya-apunya vishayanam bhavanatash chitta prasadanam.


I.33 Debes usar bondad, compasión, alegría y ecuanimidad. Aprende a mantener tus sentimientos equilibrados, tanto si algo se siente bien como si duele, sea agradable o desagradable. Esta práctica hace que la mente sea brillante y clara como el agua pura.


1. Amor bondadoso — Maitri

Es la aspiración o deseo: que todos los seres, incluyéndome a mí mismo, tengan bienestar y felicidad genuina, y sus causas.

Cuando decimos felicidad genuina no estamos hablando de una estimulación placentera, sino de una felicidad plena, más profunda, que viene del interior. Si bien es importante empezar por cubrir todas las necesidades básicas para poder estar tranquilos, lo que suele suceder es que entramos en lo que llaman la “rueda hedónica”: una vez cubiertas las necesidades básicas, continuamos deseando más y más objetos, experiencias, vínculos, placeres sensuales y estéticos, fama, prestigio, poder, etc., creyendo que ellos tienen el poder intrínseco de hacernos felices. Debido a esto, pasamos la vida temerosos de perder lo que ya conseguimos, y ansiosos por conseguir más.

Buda dijo que todos los seres tenemos en común la búsqueda de la felicidad como propósito principal de la vida, pero se refería a la felicidad y el bienestar genuinos que surgen del interior, diferentes de la satisfacción pasajera de los placeres mundanos.

Si basamos nuestra felicidad en el exterior —en cosas que están fuera de nuestro control y que por naturaleza van a cambiar—, es muy probable que vivamos en el péndulo del miedo y la esperanza, sufriendo estrés y ataques de ansiedad.


El maestro Patanjali lo describe así:

anitya-ashuchi duhkha-anatmasu nitya shuchi sukha-atma khyatir avidya

II.5 Bajo la influencia de la ignorancia, percibimos el mundo de manera equivocada: las cosas que no duran, que no son puras, que son dolorosas y que no son ellas en sí mismas, todas ellas las confundimos con cosas que duran, que son puras, placenteras y muy en sí mismas.


Y el maestro Shantideva, del siglo VII:

I.28 Aquellos que buscan escapar del sufrimiento corren directamente hacia él como si fuera su mejor amigo. Desean la felicidad, pero por ignorancia la destruyen como si fuera su propio enemigo.

La felicidad genuina es un estado mental que brota de una causa: haber deseado y trabajado no solo para la propia felicidad, sino, al mismo tiempo, para la felicidad de todos, derribando la barrera del egocentrismo. De este modo vemos cómo este primer pensamiento es infinito: tiene resultado infinito, está sembrando la verdadera felicidad en nuestra mente.

El maestro Shantideva dice sobre la causa de la felicidad genuina:

“Toda la felicidad que hay en el mundo viene de desear hacer felices a los demás.”

Se refiere a la ética: toda la felicidad viene de cuidar a los demás —lo cual nos incluye a nosotros mismos también—.


El opuesto del amor bondadoso es el odio, y su copia falsa es el apego al ego. Aquí es importante distinguir amor bondadoso de apego ignorante. El amor bondadoso es una cualidad pura, propia de nuestra verdadera naturaleza; el apego, en cambio, está basado en la ignorancia. Por eso el apego, cuando es frustrado, se torna en odio, celos y violencia, mientras que el amor bondadoso no se comporta así.


Si cultivamos este amor, cualquier tendencia hostil u odiosa que tengamos empezará a esfumarse. Comenzamos cultivando este amor hacia nosotros mismos, abrazando todas las áreas de nuestro ser —tanto las luces como las sombras, tanto nuestros dones como nuestras áreas en desarrollo—, deseando la felicidad y el bienestar genuinos. Con esta práctica sincera, la baja autoestima, el rechazo y el enojo con nosotros mismos desaparecen, y en su lugar aparecen la aceptación y el amor verdadero, que podemos irradiar hacia los demás.

Buda dijo:

“Aquel que se ama verdaderamente a sí mismo, jamás podrá odiar a los demás.”



2. Compasión — Karuna

Es generar la aspiración: que todos los seres, incluyéndome a mí mismo, estén libres de sufrimiento y sus causas.

Es importante distinguir entre sentir dolor y sufrir. Puedo sentir dolor físico —un dedo lastimado, por ejemplo—, pero sufrir es diferente: implica una conceptualización del dolor. Y lo mismo con el sufrimiento mental, que requiere también una conceptualización.

Alan Wallace comenta al respecto:

“Hay personas que sufren terriblemente incluso cuando todo a su alrededor es maravilloso, y otras personas que son felices incluso cuando todo a su alrededor es adverso. Sufrimos porque nuestras mentes están afligidas o desbalanceadas, lo cual nos lleva a buscar la felicidad en todos los lugares equivocados. Pero podemos salir de esta rueda hedónica identificando qué es lo que nos aflige y qué es lo que nos trae verdadera satisfacción. […] Esta es la acción más compasiva que podemos hacer para nosotros mismos.”


La compasión trae consigo la sabiduría, ya que es diferente de tener pena por alguien. La compasión entiende que nuestro bienestar está conectado con el bienestar de todos. No somos seres independientes, sino interdependientes, y la compasión es una aspiración imbuida de ese entendimiento. No es una emoción como la empatía —aunque necesita la empatía para generar momentum—: la compasión es una aspiración que se compromete con hacer algo para terminar con el sufrimiento que percibe en sí mismo y en los demás.


Para el Budismo hay tres tipos de compasión:

•          Compasión por los seres que sufren los tres tipos de sufrimiento.*

•          Compasión por los seres que sufren por el apego a los placeres mundanos (recordemos las ocho preocupaciones mundanas).**

•          Compasión por los seres que están apegados a la idea de un yo autoexistente, independiente y unitario.

¿Cuál es la causa real —no la aparente— del sufrimiento? El maestro Shantideva dice:

“Todo el sufrimiento que hay en el mundo viene de desear la felicidad solo para nosotros mismos.”

Se refiere al egoísmo, o apego al yo: la creencia en un yo unitario que existe de manera independiente y que no cambia, al cual tenemos que defender y satisfacer constantemente a expensas de los demás. Debido a esta creencia en algo que no existe —ese yo—, hacemos acciones no virtuosas que son la causa de todo el sufrimiento.


El maestro Patanjali describe la cadena de sufrimiento:

avidya-asmita raga dvesha-abhiniveshah pancha kleshah

II.3 Los cinco pensamientos negativos son: ignorancia, egoísmo, apego, aversión y aprehensión.

Debido a la ignorancia, creemos que sujeto y objeto tienen una esencia no cambiante e independiente. Así generamos apego o rechazo ignorante, nos aferramos —sea que nos gusten o no—, y cometemos acciones basadas en esta ignorancia que solo pueden causarnos sufrimiento en el futuro.

El opuesto de la compasión es la crueldad. Con la práctica de la compasión, la crueldad comienza a desaparecer: ya no nos alegramos por los fracasos de los demás, ni nos entristecemos por sus éxitos. Ahora comenzamos a sentir con ellos.



3. Gozo — Mudita

Es la aspiración: que todos los seres, incluyéndome a mí mismo, no se separen del gozo que está libre de todo dolor.

Aquí la práctica es poner el foco en las virtudes, los logros, la felicidad y el potencial oculto de uno mismo y de los demás. El opuesto es sentir envidia por la bondad de los demás y no apreciar nuestra propia bondad.

Generamos el gozo al vernos a nosotros mismos y a los demás florecer en todas las virtudes, libres de orgullo, mala voluntad o envidia. Nos regocijamos en la bondad de lo que vemos a otros —y a nosotros mismos— hacer, decir, pensar. No hace falta que sea algo muy grande: un simple gesto de amabilidad puede despertarnos a practicar mudita.

El gozo empático es la respuesta iluminada cuando vemos que otros son felices, que logran sus sueños, al ver cualquier gesto de bondad en el mundo. También podemos regocijarnos por aquellos que llevan una vida dedicada a la práctica espiritual, meditativa y de servicio. Y por supuesto, nos regocijamos por nuestra propia bondad: cualquier gesto bondadoso que tengamos durante el día es válido para practicar el gozo empático.



4. Ecuanimidad — Upeksha

Es la aspiración: que todos los seres descansen en la ecuanimidad que incluye a todos, libres de apego y rechazo ignorante.

Debido a que tenemos la creencia en un yo unitario, independiente y permanente, estamos forzados a empezar el camino completamente egocéntricos: nuestro yo es pequeño y sumamente contraído.

Wallace dice que vivimos en una serie de círculos concéntricos de afecto: en el primer nivel estamos nosotros mismos, en el centro. El siguiente nivel incluye a nuestros seres queridos y amigos; el próximo, a nuestros conocidos. Más allá hay un círculo muy grande de gente hacia quienes nos sentimos indiferentes, y el círculo más lejano incluye a nuestros enemigos, aquellos que creemos que han obstruido o pueden obstruir nuestra felicidad.


La ecuanimidad, upeksha, nos ayuda a derribarlo todo, terminando con el egocentrismo.

Ken Wilber comenta que empezamos como completos egocéntricos: creemos que somos lo más importante del mundo y que nuestro propio bienestar es más importante que el de los demás. Pero a medida que avanzamos en el desarrollo de la ecuanimidad, nuestro círculo se abre e incluye, primero, a familiares y amigos cercanos, y más adelante a nuestros conocidos —este es el nivel tribal-céntrico—. Esto puede seguir expandiéndose hasta incluir a los seres que nos son indiferentes y a los enemigos —el nivel mundo-céntrico—. Más allá está el nivel cosmos-céntrico, en el que incluimos a todos los seres en las diez direcciones del espacio.

Debido a que la ecuanimidad termina con el egocentrismo, pone fin al resto de la cadena del sufrimiento: somos libres del apego y del rechazo ignorante, y de las acciones no virtuosas que surgen de allí.


Otra forma de ver la ecuanimidad: cuando nos encontramos con una persona que está actuando de manera cruel —por ejemplo, celebrando el fracaso de otro—, en vez de decir “¡cómo puede alguien ser tan cruel!”, podemos ser ecuánimes, en el sentido de vernos a nosotros mismos iguales, ya que hemos hecho lo mismo en alguna situación parecida, y pensar: “Yo sé lo que es ser así, conozco el sufrimiento de la envidia y sé cuáles son los resultados kármicos de la crueldad. ¡Cómo quisiera que no sufras más! ¿De qué manera podría yo ayudarte?”


Las cuatro nos incluyen a nosotros mismos

Para terminar este repaso, quiero destacar que los cuatro pensamientos infinitos nos incluyen a nosotros mismos. En la práctica siempre partimos de lo que identificamos como “yo”, y hacemos el ejercicio de extendernos hasta abarcar a todos.

Al aprender a amarnos a nosotros mismos con la luz y la sombra, al abrazarnos en los momentos amorosos y en los momentos crueles, en nuestra abundancia y en nuestra carencia, viendo nuestra ignorancia, entendiendo que somos el preso, la cárcel, el carcelero, el cerrojo y la llave… al aprender a amarnos así, deseando la felicidad auténtica y la libertad del sufrimiento, es que podremos extender ese amor, ese abrazo cósmico, a todos, hasta que nadie nos sea extraño.


Parte 2 — La interconexión

Si ponemos todo nuestro prana —nuestra energía de vida— en la búsqueda de la felicidad aparente, la que es pasajera y superficial, vamos a vivir con ansiedad y estrés, ya que todo fluctúa permanentemente y no tenemos idea de cuándo va a cambiar: nuestra riqueza, poder, salud, belleza, inteligencia, los seres queridos, el cuerpo, el prestigio, etc. Todo va y viene como las olas del mar.

En cambio, si ponemos nuestro prana en desarrollar los 4 pensamientos infinitos, nacerá la felicidad genuina, brotando desde el centro de nuestro corazón, y se derramará inundando todo lo que acontezca en nuestra vida: salud o enfermedad, riqueza o carencia, compañía o soledad, prestigio o deshonra, etc.

Ya no seremos víctimas del cambio, sino sabios navegantes del mar de la vida.

Veamos ahora cómo cada uno de estos cuatro pensamientos tiene una copia falsa —o enemigo cercano— y cuál es la interconexión entre los cuatro que hace que se mantenga un equilibrio perfecto.

Maitri / amor bondadoso


Su copia falsa es el apego al ego o egoísmo. ¿Cómo es? Cuando estamos completamente centrados en nuestro bienestar y felicidad, diciendo la oración como loros, sin profundidad, mientras que durante el día nos ponemos a nosotros mismos primero.

Remedio: ecuanimidad. Al meditar en la ecuanimidad, rompemos la barrera del pequeño yo y este se ensancha para abarcar a otros; nos disponemos entonces a trabajar para la felicidad de todos.


Karuna / compasión

Su copia falsa es la depresión, la pena, la desesperanza. ¿Cómo es? Tal como dicen las palabras: perdemos la esperanza, nos hundimos en la pena. En ese momento no tenemos la sabiduría que acompaña a la verdadera compasión.


Remedio: gozo empático. Meditamos en las cualidades positivas, en las virtudes, en el potencial de todos y la interdependencia, y nos disponemos a servir a los demás con alegría.


Mudita / gozo empático

Su copia falsa es el apego hedonista o gozo frívolo. ¿Cómo es? Cuando olvidamos nuestra verdadera naturaleza y buscamos desesperadamente la satisfacción instantánea que creemos que pueden darnos las cosas externas: comidas, pareja, objetos, viajes, lugares, personas, películas, música, drogas, estatus, poder, etc.

Remedio: amor bondadoso. Como se focaliza en la felicidad genuina, al meditar sobre ella salimos de la copia falsa del apego a la felicidad frívola y pasajera, y nos asentamos en la verdadera felicidad y sus causas, lo cual nos fortalece para el servicio.


Upeksha / ecuanimidad

Su copia falsa es la indiferencia distante. ¿Cómo es? Cuando no nos importa nada, estamos demasiado cansados u ocupados como para preocuparnos por otros e incluirlos en nuestro círculo de amor y compasión.

Remedio: compasión. Cuando estamos indiferentes meditamos en el sufrimiento, y desarrollamos el deseo de que todos los seres se liberen de todo tipo de sufrimiento y sus causas.


Entonces:

•          Maitri, cuando cae en su copia falsa, es remediada por upeksha.

•          Karuna, cuando cae en su copia falsa, es remediada por mudita.

•          Mudita, cuando cae en su copia falsa, es remediada por maitri.

•          Upeksha, cuando cae en su copia falsa, es remediada por karuna.


Ejercicio: chequeá tu temperatura espiritual

Durante el día podés chequear tu temperatura espiritual:

•          ¿Un poco deprimido y desesperanzado por los eventos en tu vida y en el mundo? Aplicá mudita (gozo empático).

•          ¿Notás que estás egoísta, ensimismado, pequeño? Aplicá upeksha (ecuanimidad).

•          ¿Tomado por los placeres pasajeros, buscando en ellos refugio del sufrimiento de la vida? Andá a maitri (amor bondadoso).

•          ¿Indiferente, frío y distante? Aplicá karuna (compasión).

La interconexión entre las cuatro nos mantiene equilibrados y nos permite tener la fuerza y la perseverancia para llevar a cabo nuestra misión en el mundo.

Con amor,

Carola Terreni


* Tres tipos de sufrimiento: (1) sufrimiento del sufrimiento, tanto físico como mental, en cualquiera de los reinos de samsara; (2) sufrimiento del cambio: estamos apegados a la idea errónea de que nada cambia, y por eso sufrimos cuando todo cambia; (3) sufrimiento que todo lo permea: el hecho de que permanentemente estamos perpetuando la rueda de sufrimiento.

** Las 8 preocupaciones mundanas: apego a obtener cosas materiales y aversión a perderlas; apego a ser alabados y aversión a ser maltratados, criticados o ridiculizados; apego a tener buena reputación y aversión a la mala reputación; apego a los placeres de los sentidos y aversión a sentirse mal.

 
 

​© Kaladanda todos los derechos reservados

bottom of page